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la fabrica de armas de corduente-fabrica de municiones de corduente

 

 

   

 La Fábrica de Armas de Corduente 

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En 2002, Pascual Rebollo escribió un texto con reseñas históricas sobre la Fábrica de Artillería de Corduente (aunque no mucha gente es conocedora de la existencia de esta fábrica de armas de Corduente en un pasado).

Corduente Emprende quiere agradecer al señor Rebollo su colaboración, con este material histórico que nos ha cedido para su exposición en esta web.

Sin duda un gran aporte para apoyar la difusión de la historia de Corduente. 

Autor del texto: Pascual Rebollo (Madrid, 2002) 

Colaboraciones en esta sección: Pascual Rebollo

 

Antecedentes históricos:

 

   Felipe IV (1621-1665), alejándose de la línea de gobierno personal que ejerció su abuelo Felipe II, dejó el poder en manos del valido don Gaspar de Guzmán y Pimentel, Conde- Duque de Olivares quien, más preocupado por sus intereses particulares que por los generales de la nación, realizó una política carente de reconstrucción, en lo interior, y condujo al país a unas agotadoras guerras, en lo exterior.

 

   Los conflictos se multiplicaban. La crisis social y económica producida por la guerra que, en 1635, estalló contra Francia, se agravaba con las sublevaciones interiores, entre las que destacan la de Portugal y la de Cataluña, provocadas por el espíritu centralizador de la política de Olivares y el progresivo e insoportable aumento de impuestos.

 

   Cinco años llevaba la guerra contra Francia cuando se le sumó un nuevo frente de lucha. En 1640, ante una situación de presiones insostenibles y desavenencias políticas, se desencadenó (el Corpus de Sangre - 7 de Junio de 1640-) la revolución en Cataluña, gracias a la formación de un eje político entre la Generalita, los caballeros de la frontera y el cardenal Richelieu: primero contra Felipe IV y más tarde contra Francia que no tardó en cometer con los catalanes los mismos excesos que antes habían hecho los tercios españoles.

 

   La guerra contra Francia produjo un devastador efecto en toda la línea pirenaica, quedando destruidas o paralizándose la producción en la mayor parte de las fábricas de material bélico que se hallaban en esa zona.

Prácticamente las únicas fábricas de munición que mantenían, entonces, sus niveles de producción de armamento eran las de Liérganes y La Cavada, ambas en Santander, y pertenecientes a una empresa que, tras varios socios, finalmente quedó en propiedad de un tal Bande, de origen luxemburgés.

 

   Jorge de Bande, un emprendedor capitalista industrial, era el principal proveedor de artillería de la Corona. Viendo la precipitada trayectoria que tomaban los acontecimientos bélicos, que se extendían como la pólvora por los Pirineos y Cataluña, y con la experiencia de las dos fábricas de su empresa, en las que había efectuado novedosas y rentables transformaciones, no tardó en darse cuenta que los dos hornos de fundición que él regentaba (en Santander) se encontraban alejados del frente de batalla (Cataluña) con lo que preveía dificultades a la hora de vender el armamento al Estado, por la tardanza y mayor coste en el suministro al campo de batalla. Su mente ágil se puso a trabajar para encontrar un lugar idóneo más próximo a la zona en conflicto donde construir una nueva fábrica.

 

 

Primeros pasos: 

 

   Lo primero que hizo Bande fue localizar un yacimiento de hierro a relativa distancia de la zona en conflicto: próximo para el fácil suministro de armamento y prudentemente alejado por razones de seguridad. Además, debía contar con grandes filones, abundante producción y buena calidad del hierro extraído. Todos estos requisitos los reunía, sin lugar a dudas, unas minas situadas en la ladera oriental de Sierra Menera, entre Albarracín y Molina de Aragón, en el término de Ojos Negros. Un término jurásico con arraigada tradición férrica, ya aprovechado en la época romana, y en dónde, a la sazón, se mantenía una activa extracción de limonita y siderita.

 

   Desde muy antiguo era conocida la excelencia de esta mina y distinguida con el nombre de hierro de Setiles y también de Ojos Negros.

El mineral se presentaba a la vista y en grandes masas o fachadas rojizas. Estas, por lo general, se encontraban a cielo abierto, encontrándose en admirables condiciones de laboreo, aunque en algunos puntos era preciso horadar galerías y pozos para extraer el mineral.

 

   Una vez el yacimiento de hierro en el lugar geográfico adecuado, Jorge de Bande, acompañado de varios técnicos de Liérganes, viajó a la zona para realizar una inspección topográfica y fijar la ubicación de la futura fundición.

 

   Al igual que hiciera en su anterior localización de las minas, con su abispado olfato de empresario, Bande establecio las premisas geográficas previas que debía cumplir el lugar candidato para la instalación de la fábrica: además de la proximidad al yacimiento, necesitaba fuerte caudal de agua como energía, junto a un bosque que le asegurase madera suficiente para el abundante carbón vegetal que iba a necesitar, proximidad de canteras de piedra para la construcción del horno, arena o barro para el moldeo, accesibilidad de la fábrica sin tener que realizar costosos caminos y facilidad de mano de obra para la carbonización, herrería y transporte.

 

 

Localización del emplazamiento:

 

  En el otoño de 1639, ya llevaba Bande tres meses con sus hombres de confianza, pateando la zona, sin encontrar un puesto idóneo para levantar la fábrica. Todos los lugares que inspeccionaba les faltaba uno u otro requisito. Desanimado se disponía a dar por finalizado el viaje, antes que las inminentes nieves del invierno le impidiesen el regreso. En una de sus últimas jornadas, volviendo del Barranco de la Hoz, en un recodo del camino de Corduente a Ventosa descubrió, de repente, un frondoso bosque de pinos y un, entonces, caudaloso río que se daban la mano, en la espalda grandes bloques de piedra y, de frente un abierto y hermoso valle que ofrecía una excelente comunicación viaria. Le parecía un sueño. Por fin había hallado un lugar que reunía todos los requisitos que precisaba para ubicar su anhelada fábrica.

 

   Una vez reconocido el terreno, y sin más pérdida de tiempo, ya que apremiaba su funcionamiento por la agravación de la crisis con Cataluña, Jorge de Bande y sus colaboradores se trasladaron rápidamente a la corte para tramitar las autorizaciones necesarias y construir, lo antes posible, un moderno alto horno en el magnífico emplazamiento de Corduente que acababa de descubrir. Hoy es conocido el lugar como la Herrería, y todavía quedan ruinas de aquella construcción industrial.

 

   La habilidad negociadora que tenía el luxemburgués, sus profundos conocimientos técnicos de los hornos de fundición, su dilatada experiencia en el mundo empresarial como proveedor de material bélico al Estado, y sus excelentes relaciones con la Corona, le servirían de inapreciable ayuda para acelerar las gestiones de carácter administrativo, jurídico, financiero y técnico.

 

 

Gestiones previas:

 

   Ya en Madrid, Bande, un lince en los negocios, redacta un memorial exponiendo las irrefutables ventajas que ofrecía su proyecto: la proximidad de la fábrica a los puestos de las unidades en combate; la abundancia de madera, llegando a aludir a los peligros de la deforestación por el carbón vegetal y, adelantándose con ello a las inquietudes sociales de varios siglos después, defendió la conveniencia de repartir los altos hornos militares por toda la geografía para evitar cercenar algunos bosques. Pero fue más allá en su memorial apologético: llegó a prometer no solo la construcción de una fábrica de artillería, sino la instalación de la más moderna industria de "armas, mosquetes, pistolas y arcabuces que, sin duda, saldrán más aventajados a los que se hacen en otros reinos", anticipándose nuevamente varios siglos con su proyecto de convertir la fundición del arrabio en hierro dulce, pues, este refinado industrial del colado es una transformación siderúrgica que, en España, no se lograría plenamente hasta mitad del siglo XIX.

 

   Con tan irrebatibles argumentos el proyecto de Bande resultaba convincente. La Junta de Ejecución (una especie de Gabinete de Guerra) de 24 de Mayo de 1640, presidida por el Conde- Duque de Olivares, lo estudia, y, aunque en un principio le parece algo precipitada la elección del lugar y considera la conveniencia de reconocer otras zonas por el Alto Aragón, finalmente, ante la apremiante solución que demandaban los numerosos conflictos bélicos que acuciaban a la Monarquía, se aprueba el proyecto de construcción de los altos hornos de Corduente.

 

   Todavía quedaban por recabar algunas autorizaciones (permiso real para la tala forestal, anticipo de dinero para iniciar las inversiones, garantía de la Corona para comprar de forma regular la futura producción, etc) en Madrid, pero la extrema gravedad que alcanza la situación de los sublevados en Cataluña y el peligro de la intervención francesa, acelera los trámites y el 23-10-1640 la persona de confianza de la Junta de Ejecución, el fundidor Vicente Pérez se presenta en Molina de Aragón a negociar, con pliego cerrado del Rey Felipe IV, la compra de una antigua ferrería y terrenos colindantes, propiedad de un noble local llamado don Pedro Garcés de Marcilla, situada a 1400 metros de Corduente y 600 de Ventosa, en el lugar previamente reconocido por Jorge de Bande.

 

   Conviene mencionar aquí las encarecidas advertencias que hizo el Monarca antes de que se colocara la primera piedra. Felipe IV, sensibilizado por las frecuentes sublevaciones que jalonaron su reinado, requirió a los promotores de la fábrica que su instalación no perjudicase intereses de terceros. Bande le tranquilizó manifestándole que a la ferrería no se le dañaba porque ya había sido por el adquirida, y el bosque sobreabundaba y no peligraba su destrucción. Por el contrario, la fundición beneficiaría a las gentes del lugar a quienes les proporcionaría trabajo suficiente "para ganarse la vida y remediar sus necesidades... por necesitarles en cantería, horno, carbonera, moldería, barrenado, fraguas, batán, trajinar..."

 

 

Construcción de la fábrica:

 

   Con todas las autorizaciones en su poder, Bande puso en marcha las obras de la fábrica de fundición que tantos desvelos le había acarreado, por la que tanta ilusión sentía y con la que veía colmar sus sueños. Envió a Corduente un cuadro técnico y personal especializado de su fábrica de Liérganes y como supervisores a sus sobrinos los hermanos Laudovinos de la  Neuveforge y Gil-Engleberto de la Neuveforge. En los primeros meses de 1641 se inició su construcción, quedando totalmente terminada un año después.

 

   El luxemburgués quiso dotarla de una estructura moderna e, incluso, innovadora respecto a las otras fábricas de España. Sus instalaciones se distribuían, fundamentalmente, en tres sectores: hornos, moldería y acabados, con sus respectivos talleres accesorios: carboneras, serrerías, preparación de arenas, herrerías, depósitos de material, etc. El horno "una mole inmensa de cantería, al modo de una pirámide cuadrangular truncada" alcanzaba la altura de 22 pies (6,13 metros) desde el fondo de la caldera hasta la boca, tamaño muy grande en relación con los demás hornos europeos de la época, si tenemos en cuenta que la altura media en el siglo XVII oscilaba entre 4,5 y 5 metros.

 

 

Funcionamiento y producción:

 

   En marzo de 1642 se realiza el primer encendido del alto horno de Corduente, y la primera entrega de material de guerra, consistente en 1722 balas de 24, con un peso total de 393,9 quintales (unas dieciocho toneladas), se efectuó el día 13 de Julio de 1642 al General Jefe de las tropas acampadas en Molina de Aragón para ser transportadas por los carreteros de la Cabaña Real a Caspe.

 

   Le seguirán ininterrumpidamente durante tres décadas, aunque con desigual volumen de producción, más fundiciones para la fabricación de otras piezas de artillería (proyectiles, cañones, bombas, etc.), llegando a alcanzar en los comienzos de su actividad una producción diaria del orden de los veinticinco quintales de hierro útil.

 

   La fundición de la Herrería, como los demás altos hornos de carbón vegetal de la época, solía estar encendida de forma continuada entre 6 y 10 meses al año, pues, requerían limpieza y arreglos tras cada campaña de fundición, se construian nuevos crisoles durante el tiempo que estaba apagado y, además, precisaban antes de cada temporada unos treinta días de calentamiento previo sin rendimiento ni producción útil.

 

   En cuanto a la producción, aunque se dispone de datos fidedignos que podemos extraer de los asientos de entrega de material de guerra al Ejército y de los pagos hechos por la Real Hacienda (Archivo General de Simancas), sería prolijo relacionarlos en esta sucinta reseña de la fábrica. Mencionemos únicamente que durante los treinta años que duró su actividad, se empleó un total de hierro de más de tres mil toneladas. La aportación para la batalla de Cataluña consistió en tres mil bombas, siete mil granadas y setenta y cinco mil proyectiles de artillería.

 

   La fábrica de artillería de Corduente, quinto horno construido hasta entonces en la historia siderúrgica española, además de ser levantado para producir armas con las más avanzadas técnicas fabriles del momento, poseía otra peculiaridad que le distinguía de los demás: obstentaba, junto con otra fundición en Navalucillos (Toledo), la singularidad de ser los dos altos hornos construitos en España en el interior de la península. Todos los demás han estado o están situados a menos de 60 Kilómetros de puertos de mar o del litoral.

 

 

Visita del Rey Felipe IV a Corduente:

  

   Felipe IV, aficionado a realizar largos viajes por la diversidad geográfica de los paises de su reinado, visitó, ya en 1626, los territorios de Aragón y Cataluña, cuando ésta no era aún la rebelde de 1640. Ahora, en 1642, emprendió un nuevo viaje por las regiones de la España oriental, llegando a Molina de Aragón el 29 de Junio. El rey viajó acompañado de los infantes don Carlos y don Fernando, el Conde-Duque de Olivares, y un ámplio séquito formado por miembros de la nobleza, numerosos servidores y hasta una compañía de cómicos para solaz del camino. En Molina se hospedó en la casa del caballero de la Orden de Santiago don Carlos González de la Cámara. Cautivado el rey por el abrupto y pintoresco paisaje permaneció allí hasta el 21 de Julio, convirtiendo a la ciudad de Molina de Aragón en la capital de España durante veintitres días.

 

   Se desplazó a los sitios más bellos de la zona, como el Barranco de la Hoz, que lo visitó varias veces en este viaje. No podía faltar, en esta gira real, la visita de Felipe IV a la fábrica de artillería de Corduente, como así hizo en varias ocasiones, pues, se encontraba de paso en sus salidas al Santuario de la Virgen de la Hoz. El monarca pudo contemplar, en unos calurosos días de Julio, la fundición de la Herrería en plena actividad fabril y tuvo el privilegio de ser el único monarca de la España moderna que viera el funcionamiento de un alto horno. Reconoció, el rey, la gran labor que se estaba realizando en Corduente, los sacrificios y esfuerzos que habían hecho posible aquel "ingenio", y el mérito de cuantas personas habían intervenido para hacer realidad aquella industria. Como prueba de su consideración y personificando su gratitud, Felipe IV concedió al sobrino de Bande don Gil-Engleberto de la Neuveforge el título de Alférez Mayor de Molina.

 

   Durante la estancia de Felipe IV en Molina, acudieron grandes contingentes de hombres procedentes de todos los rincones de España, dispuestos a incorporarse al Ejército real para la batalla de Cataluña. El Conde-Duque de Olivares preparó unos festejos en honor del rey. Montado en un lujoso y brillante coche que tiraban seis majestuosos corceles blancos marcando elegantemente el paso de revista, el mismo Olivares encabezó la formación militar que desfiló por el arrabal del Humilladero (fuera de los muros de la ciudad de Molina), en presencia de Felipe IV. Fue entonces, cuando, al disparar la tropa las salvas de sus arcabuces, uno de éstos cargado con bala, hizo blanco en el coche del abanderado, hiriendo al secretario del valido y a un enano bufón que le estaba abanicando dado el calor sofocante de la jornada. Este atentado fallido contra el Conde-Duque de Olivares hizo que éste ordenara que aquella misma noche dispusiera el rey la suspensión del viaje y emprendiera su regreso a Madrid.

 

Declive de la fábrica:

 

   El alto horno de la Herrería estuvo funcionando, con desigual intensidad de producción, durante 30 años (1642/1672), aunque un hecho ocurrido poco tiempo después de su inaguración sentenció su irregular funcionamiento hasta el final. El día 4 de Diciembre de 1643, algo más de año y medio después del primer encendido de la fábrica, moría Jorge de Bande, principal impulsor de la instalación de una industria siderúrgica en Corduente y promotor enérgico e infatigable de su construcción hasta su puesta en funcionamiento, superando todos los obstáculos que la burocracia de la Corte, los intereses particulares y las envidias que despertaba le obstaculizaron, en todo momento, la creación de la fábrica que consideraba muy útil para España, en aquellos años, dada la delicada coyuntura política por la que estaba atravesando y beneficiosa para las gentes de la comarca, por la actividad económica que generaba.

 

   Bande, en su testamento, declaró como "única y universal heredera a mi querida mujer, Doña Mariana de Brito". Esta residía en Madrid y, ante la imposibilidad de atender la fábrica desde la capital, delegó la gestión directa en sus sobrinos Gil-Engleberto y Laudovinos, aunque no mantenía con ellos relaciones muy cordiales, quienes fijaron su residencia en Molina.

 

   A la muerte del enérgico empresario luxemburgués, se avivaron en la corte las envidias que, aunque de forma latente hasta entonces, despertaba su enorme fortuna. La codicia de algunos celosos funcionarios de la Hacienda Real se cebó en la viuda de Bande y emprendieron toda clase de acciones de acoso económico contra la hacienda recibida. Bajo el pretexto de reclamar una discutible deuda por supuesta falta de cumplimiento en la entrega de cien piezas de artillería, elevaron su importe a una cifra desmesurada al incrementarle unos intereses leoninos, por lo que los herederos no pudieron hacer frente a la deuda tan exorbitante. Los bienes de Bande se vieron sometidos a intervención judicial, quedando embargado el alto horno de Santander, la casa de Molina de Aragón y la fábrica de artillería de Corduente, incluidas todas las municiones almacenadas.

 

   Este revés económico que llegó a paralizar las dos únicas fábricas de artillería y proyectiles de hierro colado del país, dejó al Ejército sin suministro de munición. Por fortuna no tuvo necesidad de ello, pues, en esa época se redujo considerablemente la actividad bélica: se firmó el Tratado de Paz de Westfalia, la guerra con Portugal se redujo a incidentes fronterizos minúsculos y, en Cataluña, languideció la rebelión popular.

 

   Al seguir conservando Mariana de Brito la contrata de la fundición de Corduente, ésta le fue devuelta por el Estado. Pero dada la escasa demanda de munición por las tropas reales, durante varios años mantuvo una actividad de mínimos, con un rendimiento por debajo del 20% de su capacidad de producción. Los herederos apenas obtuvieron ingresos en este periodo de crisis de armamento, por otro lado común a las demás fábricas del sector, que ninguna se salvaba de la penuria económica en los años que no había guerras.

 

 

Cese de la fundición:

  

   La ofensiva que Portugal emprendió en 1658 reactivó, en cierta medida, la producción de la fábrica hasta 1667 en que, con ocasión de la guerra contra Luis XIV, recibió un nuevo impulso de solicitud de material bélico que la mantuvo en funcionamiento hasta 1672, ya en el reinado de Carlos II. Pero el país se encontraba agotado tras sucesivas derrotas, y se inició un periodo sin guerras, donde el Ejército ya no necesitaba comprar tanto armamento y las fábricas de artillería, por consecuente inanición, reducen su producción o dejan de funcionar. Esta falta de pedidos, unida a la ruinosa trayectoria económica que arrastraba en los últimos años, fue la estocada final para la fábrica de Corduente, cesando su fundición militar en 1672.

 

   No hay noticias ciertas de que el alto horno se encendiera posteriormente, sólo vagas alusiones a la existencia de una industria siderúrgica, si bien creemos que se refieren a los edificios que quedaron en pie y no a un alto horno en funcionamiento, pues, no hay datos sobre su vida posterior. Algunas fuentes prolongan su existencia hasta la Guerra de Sucesión o, incluso de la Guerra de la Independencia, incluso, en el Diccionario Geográfico-Estadístico de España de Sebastián de Miñano, publicado en 1826, en el párrafo que describe Corduente incluye "...industria: una fábrica de hierro". Lo más probable es que las instalaciones de la fundición, sumidas en un indiferente abandono, se fueran destruyendo con el implacable paso de los años. Sólo resistió el transcurrir del tiempo la antigua herrería que ha permanecido, a los largo de los últimos años, con irregular actividad dando servicios de fragua (herraje de caballerías, ferrería básica, arreglo de útiles y herramientas, etc) al medio rural de la zona. Algunos testimonios de personas de edad de Corduente afirman tener noticias de su funcionamiento hasta primeros del siglo XX.

 

   Aunque la fábrica de artillería de Corduente sólo estuvo con actividad propiamente dicha seis lustros, este corto tiempo fue suficiente para ejercer como pieza fundamental en una delicada etapa de la Historia de España, contribuyendo con su abastecimiento de material militar al Ejército, a la recuperación de Cataluña y rechazo de los franceses. Y, al mismo tiempo, para testimoniar el triunfo de la ilusión y voluntad inquebrantable de un emperador, unida a los trabajos, esfuerzos y abnegación de las gentes de esta tierra, cuyo mérito y grandeza reconoció personalmente el humanista Felipe IV, precisamente en una época llena de contrastes: una crítica decadencia en lo social y político y un esplendoroso auge en las artes y las letras dando lugar a lo que se ha llamado el Siglo de Oro español.

 

PASCUAL REBOLLO

(Madrid, 2002)                                                                            

 

 

 

 

 

 

     Otra información sobre la fábrica de armas de Corduente a través de este valioso enlace documentativo a  Wad-al-Hayara: Revista de estudios de GuadalajaraISSN 0214-7092, edición nº 22, año 1995, Autor: Antonio Moreno Hurtado, pags.241-246, la Fabrica de Armas de Corduente

 

Fuente de la información: Wad-al-Hayara: Revista de estudios de Guadalajara.

Más información sobre esta Revista de estudios de Guadalajara Aquí

 

 

 

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